Bolivia se enfrenta a unas nuevas elecciones

Después del terremoto que hubo con la salida de Evo Morales de la presidencia y su exilio a México y luego a Argentina, hay nuevas elecciones el 3 de mayo del 2020 en Bolivia.  Y es que, desde octubre del año pasado, con la supuesta victoria del expresidente y todas las revueltas que hubo hasta su renuncia a la presidencia denunciando un golpe de estado, han ocurrido muchos acontecimientos.  A día de hoy, se espera que sea reemplazado por Luis Arce, candidato por el partido MAS (el de Evo Morales). Además de otros aspectos importantes que destacaremos en este análisis. «Ha habido un golpe cívico, político y policial», denunció el presidente en el mensaje televisivo en el que anunció su dimisión. Para los militares no parecía suficiente que el presidente llamara a nuevas elecciones tras las irregularidades detectadas por la Organización de Estados Americanos (OEA) en su auditoría de los resultados. Y es que la profunda crisis política que vive Bolivia tuvo su detonante en el escrutinio de las elecciones, el 20 de octubre del 2019. A partir de ahí, y como desencadenante y ante la ausencia definitiva del presidente y vicepresidente, «como presidenta de la Cámara de Senadores, asumo de inmediato como presidenta del Estado», dijo Añez en una sesión relámpago que duró unos pocos minutos. También fue necesaria la renuncia de la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, para que Añez -quien se desempeñaba como vicepresidenta del Senado- asumiera la presidencia de esa cámara y automáticamente se convirtiera en la sucesora constitucional de Evo Morales. Hoy 30 de enero, los aspectos más importantes del proceso se encuentran por un lado con Evo Morales para ser candidato senador o diputado en Bolivia a través de sus abogados en representación suya.  Por otro lado, la actual presidenta de Bolivia, se ha postulado para las próximas elecciones, aunque hay dudas legales sobre ello.. Este próximo 3 de mayo, habrá mucha expectación y muchos observadores. De nuevo la OEA, la Unión Europea y la Unión Interamericana de organismos electorales (UNIORE) serán las tres grandes delegaciones que seguirán de cerca el proceso. Se espera que se zanje la crisis política, que ha dejado al menos 36 muertos por enfrentamientos entre simpatizantes y detractores con las fuerzas de seguridad. Por otro lado, se encuentra MERCOSUR, y las declaraciones de Uruguay. Según el canciller Uruguayo Nin Novoa, Evo Morales había sido «obligado a renunciar a su cargo, provocando un quiebre institucional que representa una ruptura del orden democrático en los términos establecidos en el artículo 3 del Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático en el Mercosur, Bolivia y Chile» de momento, la suspensión del país andino queda en entredicho. Y no es la primera vez que ocurre, otros países si que fueron suspendidos en su día como por ejemplo Paraguay, o actualmente lo está Venezuela. Aunque el acuerdo y la entrada de Bolivia a Mercosur no está ratificado todavía por Brasil, de momento no ha habido acción reacción, es decir queda encallado el proceso del cese del país en la organización o la activación de los protocolos correspondientes. Si seguimos leyendo, incluso se habla de un golpe «de carácter claramente racista» por la Comisión de Ciudadanía y Derechos Humanos de Parlasur –el parlamento de Mercosur–, que por su parte, no tardó en definir lo sucedido en Bolivia como un «golpe cívico-militar». A finales de noviembre una delegación quiso conocer la problemática desde el terreno. Viajaron a Bolivia los diputados Cecilia Merchán (Argentina), Ricardo Canese (Paraguay), Carlos Reutor (Uruguay) y Fernanda Melchionna (Brasil), además del Secretario de Relaciones Internacionales, Luis Seara. Sus principales preocupaciones fueron «la participación de las Fuerzas Armadas en operativos para control del orden público; las declaraciones, discursos y ataques de odio racial dirigidos a los pueblos indígenas del país, principalmente a sus mujeres y sus símbolos; el no otorgamiento de salvoconducto a dirigentes que se encuentran con asilo en embajadas, y la persecución a periodistas nacionales y extranjeros». Una de las participantes en esta visita del Parlasur a Bolivia, la diputada federal brasileña Fernanda Melchionna (Partido Socialismo y Libertad, PSOL), ha resumido para este diario lo que en su opinión es un golpe «de carácter claramente racista, que usó toda suerte de violencia estatal para su consolidación después de la reacción democrática de la población, en El Alto, en Cochabamba». Varios dramas le llamaron la atención, entre ellos «la persecución que ha provocado que sesenta y cuatro parlamentarios –entre concejales, diputados y gobernadores– hayan renunciado a sus mandatos ante las amenazas de bandas paramilitares protofascistas: secuestros, humillaciones públicas y quema de casas». Tras los intentos de criminalización y las acusaciones de terrorismo a los movimientos sociales y a líderes sociopolíticos indígenas, la convocatoria de elecciones le parece a Melchionna una especie de disfraz, «para que el resultado electoral sea el ansiado por la derecha y así consolidar el golpe desde el punto de vista electoral». No hay ninguna investigación en curso al respecto de las bandas paramilitares que han asesinado sin piedad durante las últimas semanas y que han sido clave para sembrar el pánico durante el proceso de golpe. La diputada brasileña está totalmente de acuerdo con la propuesta de la cancillería uruguaya, pero además incorpora urgencias: «Exigimos una investigación internacional, independiente, para buscar a los responsables de la masacre de Senkata«. Entre esa matanza y la de Sacaba, según las observaciones preliminares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, fueron asesinadas por lo menos 18 personas. El número global de asesinatos, por todo el país, quedó contabilizado a final del año pasado en 36 personas. Parlasur suma a eso 832 personas heridas y 1513 detenidas.  Si te interesa seguir leyendo sobre las protestas que han ocurrido en América Latina.     

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